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¿Qué es el discernimiento espiritual?

Robb Brunansky

El discernimiento es la habilidad, capacitada por el Espíritu, de usar la Palabra de Dios para distinguir entre la verdad y el error, y entre lo bueno y lo malo.

Biblia abierta sobre una mesa de madera junto a unas gafas, iluminada por la luz de la mañana
Photo by Aaron Burden on Unsplash

En 1 Juan 4:1, el apóstol nos exhorta a «prueben los espíritus para ver si son de Dios». Ese versículo toca un tema de peso que recorre el Antiguo y el Nuevo Testamento de principio a fin: el discernimiento espiritual.

Basta con mirar a nuestro alrededor para notar, con dolor, que la iglesia de hoy ha abandonado casi por completo el ejercicio del discernimiento. Una y otra vez vemos a pastores desenmascarados como farsantes y embusteros (hombres que se descalificaron a sí mismos para el ministerio pastoral por engaño, arrogancia, infidelidad sexual u otros pecados que les impiden ser irreprochables) bajar el perfil por un tiempo, mudarse a otra ciudad, levantar una iglesia nueva y reunir de inmediato una nueva feligresía. Parte de esto puede deberse a una rebeldía deliberada contra la Palabra de Dios, pero buena parte también se debe a que los creyentes no ejercen el discernimiento.

Esta falta de discernimiento en el cristianismo es trágica, aunque no sorprende, porque la verdad es que muchos creyentes ni siquiera saben qué es discernir. Si preguntamos cómo define hoy la iglesia el discernimiento, casi siempre obtenemos algo parecido a «la capacidad de percibir lo espiritual con la mente y los sentidos». Otros lo entienden, simplemente, como la habilidad de tomar buenas decisiones en la vida.

El discernimiento es la habilidad, capacitada por el Espíritu, de usar la Palabra de Dios para distinguir entre la verdad y el error, y entre lo bueno y lo malo.

Ante esta falta de claridad, conviene fijar una definición bíblica de un término tan vital para la vida cristiana. Vale la pena detenerse en cada frase de esta definición.

En primer lugar, el discernimiento es una habilidad capacitada por el Espíritu

El discernimiento, como tantas otras cosas en la vida cristiana, tiene algo de misterioso, porque conjuga un elemento divino y uno humano. Que sea una habilidad capacitada por el Espíritu significa que el incrédulo no puede ejercerla. El creyente, en cambio, sí la posee, y además puede desarrollarla y ponerla en práctica.

En Romanos 1:31, Pablo describe a la humanidad en su condición de haber rechazado a Dios y Su Palabra. Entre los rasgos de una mente depravada que enumera está el de «sin entendimiento». Ese término corresponde al mismo vocablo griego que suele aparecer en Proverbios cuando se habla de tener discernimiento. El incrédulo que ha rechazado a Dios para servir a los ídolos carece de discernimiento. Su noción de lo bueno y lo malo es relativa: «está bien si te lo hago a ti, pero está mal si tú me lo haces a mí». Vemos, entonces, que el hombre natural no puede ejercer el discernimiento, porque este es una habilidad capacitada por el Espíritu.

Con todo, el discernimiento es una habilidad, lo cual indica que también podemos desarrollarla, cultivarla y ejercitarla. En Hebreos 5:14, el autor dice de los seguidores maduros de Jesús que, «por la práctica, tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal». Este es uno de los pasajes más claros de toda la Escritura en cuanto a que debemos entrenarnos para ejercer el discernimiento. Nos toca afilarlo, trabajarlo y esforzarnos por desarrollarlo y ponerlo en práctica cada hora de cada día de nuestra vida.

En segundo lugar, es una habilidad para usar la Palabra de Dios

Aquí es donde empiezan los errores más serios a la hora de entender qué es el discernimiento. En ningún pasaje sobre este tema se nos anima a buscar un sentimiento subjetivo, ni a fijarnos en si tenemos «paz» respecto a una situación. Si pensamos en Jesús la noche de Su arresto, ¿cuántos cristianos habrían evitado la cruz solo porque no sintieron paz ante una muerte tan atroz? Debemos tener mucho cuidado con la forma en que entendemos el discernimiento, porque con una emoción o un sentimiento subjetivo se puede justificar cualquier cosa, por antibíblica que sea.

Fíjense en la crítica que el autor de Hebreos les hace a los creyentes en 5:11-14. Deberían ser ya maestros de la Palabra de Dios, pero, por haberse vuelto «tardos para oír», son como quien tiene que volver al principio y reaprender el abecedario. Ser «tardo para oír» lleva implícita la idea de pereza o de conformismo frente a la Palabra de Dios. En el versículo 14, el autor dice que el alimento sólido es para los adultos, para los que están acostumbrados, y se esfuerzan por oír, entender y obedecer, la palabra de justicia. Esas personas pueden ser discernidoras, porque el único camino para ejercer el discernimiento es la palabra de justicia, no los libros de autoayuda, ni los pódcast, ni ninguna otra cosa.

En tercer lugar, discernir significa que tenemos que distinguir

Aquí también mucha gente flaquea. A nuestra cultura no le gusta trazar líneas claras, ni pensar en términos de bueno y malo, de verdadero y falso. El discernimiento bíblico, sin embargo, nos exige hacer distinciones, trazar líneas y ver el mundo en blanco y negro.

Pablo les dice a sus lectores en 1 Tesalonicenses 5:21-22 que deben ejercer el discernimiento, y los exhorta a «examinar[lo] todo cuidadosamente». Pero el discernimiento no se detiene en el examen. Después de examinar, hay que «retener lo bueno» y «abstenerse de toda forma de mal». Al examinar algo llegaremos a la conclusión de que es bueno o es malo, de que se alinea con la Palabra de Dios o no se alinea. Noten que el discernimiento nos obliga a hacer esa distinción.

Por último, la distinción entre lo bueno y lo malo tiene dos aspectos

La sana y la mala doctrina, o la verdad y el error

Como creyentes, estamos llamados a examinar y discernir lo que la gente dice, para ver si esas ideas y creencias se alinean con la Palabra de Dios. El discernimiento exige que usemos esta habilidad capacitada por el Espíritu para distinguir la sana doctrina de la doctrina falsa.

La conducta y las acciones, o lo correcto y lo incorrecto

Es realmente trágico ver cuántos cristianos profesantes, a lo largo de los años, han cedido ante los estándares culturales de sexualidad, moralidad, justicia y tantos otros comportamientos. Esa conducta delata, en los creyentes, una falta total de discernimiento. El modo de pensar de tantos supuestos cristianos tiene su raíz en los medios, en la cultura, en la mentalidad del mundo y en los estándares de este siglo malo, y no en la Palabra de Dios. Y eso queda al descubierto cuando ya no logran distinguir entre lo que está bien y lo que está mal.

El discernimiento se apoya en un estándar objetivo, la Palabra de Dios, no en un sentimiento o una experiencia subjetiva. Abarca todo lo que puede clasificarse como bueno o malo, incluyendo tanto nuestras convicciones sobre la verdad y el error, como nuestras acciones, sean justas o injustas. La persona discernidora está entrenada para usar la Palabra de Dios, en el poder del Espíritu, y hacer estas distinciones, y además está dispuesta a hacerlo, por impopular que resulte ser discernidor en nuestra cultura.


El Dr. Robb Brunansky es pastor-maestro de Desert Hills Bible Church, en Glendale, Arizona.

Traducido y publicado con permiso. Artículo original: «What Is Spiritual Discernment?», Founders Ministries.