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Disculpas y arrepentimiento

Tom Ascol

Las expresiones de un arrepentimiento verdadero son mucho más escasas que las disculpas baratas y genéricas. ¿Qué dice la Biblia sobre confesar el pecado de verdad?

Persona sosteniendo una vela encendida en la oscuridad
Photo by Nader Ayman on Unsplash

Como padre de seis hijos y poseedor de un corazón infectado por el pecado, he tenido muchas oportunidades tanto de practicar como de enseñar el arte de reconocer el pecado y buscar la manera de enmendarlo. Lo que he descubierto, tanto como padre como en mi propio corazón, es que las expresiones de un arrepentimiento verdadero son mucho más escasas que las disculpas baratas y genéricas.

«Lo siento» se considera una especie de frase mágica que, se supone, le otorga a quien la pronuncia un pase libre para no asumir en serio sus faltas. De manera más coloquial, basta con decir: «Perdón». Se dice la palabra y, como quien sale libre de la cárcel, se da por hecho que esa declaración audible despeja el ambiente por completo y arregla las cosas. «¡Ya dije que lo sentía!» Muy bien. Entonces, según parece, ahora solo queda pasar la página y dejar que lo pasado, pasado esté. Al menos eso es lo que esperan (si no es que exigen) quienes comercian con esta fórmula mágica.

Peor aún es la disculpa más sofisticada que dice así: «Si hice algo que te ofendiera, lo siento». En lo que a mí respecta, uno bien podría ahorrarse el aliento antes que intentar hacer pasar eso como una expresión sincera de pesar. No admite nada, salvo la posibilidad de que quizás alguien se haya sentido ofendido por alguna de tantas acciones posibles que uno pudo haber cometido. A mi modo de ver, si no estás convencido de haber hecho algo malo, entonces no ofrezcas una expresión de pesar. ¿Cómo puedes lamentar algo que ni siquiera estás seguro de haber hecho? Si estás convencido de haberlo hecho, entonces, ¿para qué ese «si» que solo busca salvar las apariencias? Simplemente admite tu falta y luego expresa tu pesar por haberla cometido. Si de verdad no sabes si obraste mal, entonces averígualo. Haz preguntas. Busca consejo. Después de investigar, si tus acciones quedan exoneradas, no expreses pesar. Si resultas culpable, admítelo (no entraré aquí en el hecho de que es posible que alguien se sienta ofendido por ti sin que tú seas culpable de pecado por ello).

Otra manera igualmente común en que algunos pretenden disculparse es poniendo condiciones a su pecado. «Lamento lo que hice, pero tú me provocaste con lo que hiciste». O bien: «Lamento haber mentido sobre ti y haber intentado arruinar tu reputación, pero la información que me dieron resultó ser inexacta».

Tales admisiones de culpa siguen estando muy lejos de lo que la Biblia entiende por arrepentimiento. La palabra griega del Nuevo Testamento detrás del término español «arrepentirse» es metanoia, que significa «cambiar de mente». Ese cambio de mente conduce, inevitablemente, a un cambio también en la vida. En la Biblia hay muchos ejemplos de cómo opera el arrepentimiento, pero el texto clásico sobre este tema se encuentra en 2 Corintios 7:9-11.

«Ahora me regocijo, no porque fueron entristecidos, sino porque esa tristeza los llevó al arrepentimiento; porque fueron entristecidos conforme a la voluntad de Dios, para que no sufrieran pérdida alguna de nuestra parte. Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar, pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque miren, ¡qué solicitud ha producido esto en ustedes, esta tristeza piadosa, qué vindicación de ustedes mismos, qué indignación, qué temor, qué gran afecto, qué celo, qué castigo del mal! En todo han demostrado ser inocentes en el asunto.»

El versículo 11 es la clave. ¿Quieres aprender a reconocer el arrepentimiento verdadero? Estudia el versículo 11. Enséñaselo a tus hijos (y a tu propio corazón). La tristeza piadosa conduce al arrepentimiento: el tipo de arrepentimiento que resulta en enmendar las cosas, en poner en claro los hechos, en indignarse no contra aquellos a quienes ofendiste, sino contra tu propio corazón ofensor. En el arrepentimiento bíblico no caben las condiciones.

Más bien, el arrepentimiento bíblico suena como lo que oró David después de ser convencido de su adulterio y homicidio: «Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de Tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas y sin reproche cuando juzgas» (Sal 51:4). Todo pecado es, ante todo, contra Dios, y debe confesársele a Él. En otras palabras, el arrepentimiento verdadero concuerda con lo que Dios dice acerca de las acciones pecaminosas (que es precisamente lo que significa la palabra griega del Nuevo Testamento traducida como «confesar», homologeo: compartir el mismo parecer que Dios). Mientras no estés dispuesto a juzgar tus acciones pecaminosas de la misma manera en que Dios las juzga, no te estás arrepintiendo.

Hoy existe tal escasez de arrepentimiento genuino entre los cristianos (incluidos los líderes cristianos) que he acuñado un nuevo término para describirla: metanoiafobia, es decir, el temor al arrepentimiento. Si te sientes atrapado por ese temor, no te conformes hasta superarlo. Jesús es un Salvador real que perdona el pecado de verdad. Cuando confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad (1 Jua 1:9). Pero Jesús derramó Su sangre por pecados reales. Él es Salvador solo de pecadores reales, de pecadores que no fingen que su pecado es algo menos grave de lo que Dios dice que es.

Así que confiesa tu pecado real al Salvador real, y experimenta un perdón real que da vida.

Traducido al español por Madurando en Cristo con permiso.

Publicado originalmente por Founders Ministries. Artículo original: Leer aquí.

Tom Ascol ha servido como pastor de Grace Baptist Church en Cape Coral, Florida, desde 1986. Antes de trasladarse a Florida, sirvió como pastor y pastor asociado en iglesias en Texas. Obtuvo una licenciatura en sociología de Texas A&M University (1979) y también ha obtenido los títulos de Maestría en Divinidad (MDiv) y Doctorado (PhD) del Southwestern Baptist Theological Seminary en Fort Worth, Texas. Ha servido como profesor adjunto de teología en diversas universidades y seminarios, incluyendo Reformed Theological Seminary, Covenant Baptist Theological Seminary, African Christian University, Copperbelt Ministerial College y Reformed Baptist Seminary. También ha servido como profesor visitante en el Nicole Institute for Baptist Studies del Reformed Theological Seminary en Orlando, Florida. Tom sirve como presidente de Founders Ministries y del Institute of Public Theology. Ha sido editor de Founders Journal, una publicación teológica trimestral de Founders Ministries, y ha escrito cientos de artículos para diversas revistas y publicaciones.